Chuck Dixon, a finales de los ochenta, construye una historia catastrófica donde la supervivencia se juega en un tablero invernal

Portada de Winterworld donde se muestra a uno de los personajes principales

La denominada Guerra Fría fue un conflicto entre dos bloques conformados tras la Segunda Gran Guerra. Por un lado, estuvo el bloque occidental asentado en la defensa de un modo de entender el capitalismo y el bloque oriental defensor de un sistema denominado comunismo. El primero estaba liderado por los Estados Unidos de América, mientras que el segundo estaba liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A raíz de esta división ambos estados mantuvieron una contienda imaginaria e ideológica, aunque no llegaron a las armas; de ahí el nombre de Guerra Fría.

Esta realidad trajo consigo una conformación de un imaginario social que, de un modo u otro, todavía permanece en nuestra sociedad. En este imaginario, la posibilidad de que el mundo fuera destruido por lar armas existentes, hizo que, paulatinamente, se conformara esa posibilidad irreal y escatológica de la que habló Gabriel Marcel en alguna ocasión. Este futuro potencial abrió la puerta al mundo de la distopía en la cultura.

La distopía, de un modo u otro, consiste en la generación de historias basadas en mundos futuros donde el mundo, tal y como lo conocemos, se ha visto sustancialmente transformado. Esta transformación es construida de manera negativa y un tanto apocalíptica. Recordemos, por ejemplo, a Watchmen, Transmetropolitan, Juez Dredd o bien Y el último hombre. Son solamente algunos nombres; hay numerosos ejemplos.

Winterworld

Chuck Dixon, uno de los autores más reconocibles de la industria estadounidense, se unió a Jorge Zaffino para crear una historia distópica asentada en un mundo completamente helado. En la obra no sabremos las causas de esta realidad, pero veremos lo compleja que es vivir en un mundo así. De hecho, cuando el ser humano se encuentra ante una realidad tan compleja y difícil, parece convertirse en un ser más descarnado y salvaje.

Ante esta situación, la supervivencia se hace cada vez más complicada y parece que no hay lugar para el cariño o la compasión. Dixon utiliza estos elementos narrativos para configurar una historia bien estructurada. Los personajes muestran una personalidad y un carácter bien definido y logran que el lector se introduzca en la historia. Además, también logra conformar ese inhóspito entorno donde tendrán que vivir los protagonistas de la historia.

Winterworld no es novedosa o innovadora. Es una obra interesante que nos puede hacer reflexionar sobre las decisiones a tomar. Ahora bien, todo ello desde una perspectiva convencional. En cierto modo, la obra es semejante a la película de Mad max, pero con más moralina. Un trabajo con una narración escrita ágil, directa y descarnada. En este sentido, se produce un claro correlato semiótico entre el ambiente hostil y las relaciones humanas también espinosas. Este hecho aporta una dinámica mordaz a toda la obra que funciona realmente bien.

En la obra publicada por Aleta también se incluye una segunda parte titulada Wintersea que funciona como conclusión de la primera y cierra el círculo interpretativo abierto en la primera. En ambas opera como hilo conductor una relación entre los personajes principales difusa que permite que cada uno piense sobre las motivaciones de los personajes. No quiero adentrarme en este aspecto, pero es un elemento de gran potencial significativo para el lector.

Por otro lado, el trabajo de Zaffino logra transmitir emociones e impacto. La obra está en blanco y negro, pero no utiliza los negros como sí emplea Breccia en alguna de sus obras. Ello ayuda al lector, haciendo que la lectura sea más amable, aunque ello también reduce la intensidad de la narración visual. Ahora bien, el narrador visual argentino introduce multitud de detalles convirtiendo la obra en un trabajo realista, pese a estar basado en una distopía. En este sentido, la narrativa visual tiene gran calidad e imaginación. Las ocurrencias de Zaffino para mostrar los artefactos mostrados en la obra son francamente llamativos.

En definitiva, estamos ante una obra de gran interés para aquellos que nos gusta el cómic añejo.

Por Juan R. Coca