LA REVISTA DE CÓMIC

Revista cultural sobre la actualidad del cómic independiente

Inicio

  • La creatividad en el cómic y su capacidad de adaptación

    La creatividad en el cómic y su capacidad de adaptación
    Portada de la obra Mirror (Astiberri)

    El noveno arte es sumamente creativo. Parte de este hecho, está vinculado a las limitaciones que siempre han acompañado a su desarrollo. Al fin y al cabo, no es un arte con mecenas, ni tampoco es consumido por los sectores más poderosos de la sociedad. Efectivamente, hoy en día esta viviendo cierto resurgimiento gracias al aumento de las compras y de su lectura. Sin embargo, ello no invalida lo que acabamos de indicar.

    Las limitaciones obligan a los creadores a buscar alternativas para narrar sus historias sin que ello les genere grandes problemas. Por esta razón ha sido frecuente el uso de animales antropomorfos (furries) para evitar el impacto negativo de un suceso en el lector. Obras como Krazy Kat, Maus, Blacksad, Fritz the cat, Whodunnit?, Yo mate a Adolf Hitler, Dog Biscuits, entre muchas otras, son buenos ejemplos de lo que estamos indicando. Algunas de ellas tratan temas espinosos, por lo que el uso de esta estrategia permite atrevimientos y aventuras que el realismo haría más difícil.

    Por otro lado, existen un conjunto de obras que nos presentan mundos complejos, oníricos, terroríficos, alternativos, extraños, irracionales, etc. Estos trabajos son realmente arriesgados ya que se puede caer, con facilidad, en el sin sentido, en el absurdo e incluso en el ridículo más espantoso. No voy a dar nombres para evitar afectar, negativamente, a nuestros lectores. No obstante, estoy seguro que muchos de vosotros habréis tenido en vuestras manos obras con estas características.

    No obstante, también nos encontramos con obras creativas con gran capacidad de seducción y con una narración solvente. Ahora mismo, me vienen a la cabeza trabajos como Sandman, Locke & Key, Bone, Promethea, Hellboy o El Incal. También recuerdo Rork, Ether, Mirror o El subsuelo. Un conjunto de obras más o menos arriesgadas que se adentran en problemáticas profundas a través de la fantasía o el surrealismo. La apuesta por estos elementos hace que estas obras logren tener un carácter rompedor y chocante. Además, nos hacen pensar sobre la realidad en la que vivimos desde otra perspectiva. En este sentido, podemos narrar, reflexionar o ironizar sobre nuestras relaciones con los demás. Pensemos, por ejemplo, en cómo nos relacionaríamos con los demás si tuviéramos nuestra boca en el cogote, tal y como le sucedió al Joker en Batman Intercambio. O cómo lo haríamos si tenemos ante nosotros seres híbridos como los que nos muestra Emma Ríos en Mirror.

    La fantasía, lo enigmático, lo demoníaco y, por supuesto, también el surrealismo, de un modo u otros son elementos con gran potencial creativo. Estos elementos, junto con el uso de animales ofrecen posibilidades narrativas que separan al cómic de otras expresiones artísticas. No afirmo que éste se encuentre completamente alejado de la literatura, la pintura o el cine, sino que logra, a través de su particular manera de estructurar la creatividad, narrar de un modo especial. Sin embargo, como también sucede en estas otras expresiones artísticas, el riesgo narrativo puede acabar convirtiendo la obra en una especie de esperpento. No obstante, ¿qué es la vida sin riesgo?

    Por Xiana Martín.

  • Sobre las percepciones relacionadas con el formato de algunos cómics

    Sobre las percepciones relacionadas con el formato de algunos cómics
    Portada de Y el último hombre, uno de los ejemplos de los recopilatorios extensos publicados actualmente.

    Las diferentes estrategias comerciales de las editoriales pueden generar impactos en las mentes de los amantes de los cómics.

    El sector del cómic pretende, como es evidente, que sus productos tengan una buena aceptación social. Dicha aceptación implica una compra-venta que, finalmente, genera beneficio en las editoriales y, por supuesto, también en los libreros. En este fenómeno interviene un tercer elemento importante: el consumidor/cliente. Estamos, por lo tanto, ante un triángulo en cuyo interior suceden procesos que constantemente son estudiados por investigadores y científicos sociales. En esta ocasión vamos a comentar aspectos de este complejo fenómeno para ayudar a las personas interesadas a entrever alguno de los elementos intervinientes.

    Como sabemos, cuando uno de nosotros llega a una librería para ojear cómics, lo primero que le atrapa es el exterior. Al fin y al cabo, el elemento estético es algo importante y atractivo. Por esta razón, podemos pensar que las editoriales visten a sus cómics con los mejores “ropajes” posibles. Esto es cierto, pero solamente en parte. El cómic tiene una identidad que ha permanecido junto a él durante mucho tiempo. Nos estamos refiriendo al formato grapa. Un formato barato, débil e, incluso, poco atractivo. No obstante, los amantes de los cómics siguen optando por este formato y muchos de ellos lo reivindican como el formato de los “verdaderos” lectores de cómics. Sin embargo, el lector actual de cómics opta por un formato próximo al libro, con tapa gruesa, que pueda ser colocado en una estantería e identificado.

    En estos aspectos comentados vemos que intervienen elementos emocionales, estéticos e identitarios. Ahora bien, con ciertas particularidades. El lector actual de cómics parece optar por obras que pueden ser disfrutadas visualmente sin tocarlas. Es decir, nos gusta ver el lomo de nuestras obras. Esta es una de las razones por las que gustan las obras terminadas y las historias amplias recopiladas. Muchos de los productos actuales se ofrecen en tapa dura y con cierta amplitud (más de cien páginas).

    El cómic es percibido, por una parte de sus seguidores, como un producto propio de un colectivo selecto, que tiene calidad y que debería estar presentado en un formato propio del sector (formatos de calidad o grapas). Sin embargo, las editoriales en ocasiones optan por formatos alternativos, buscando posibles nuevos compradores. Esto hace que este colectivo critique en redes sociales estas estrategias. Estamos pensando en los formatos de mayor tamaño (mayores de 800 páginas) o los formatos más económicos de tapa blanda basados en reimpresión de obras conocidas y aclamadas.

    Sin ninguna duda, las editoriales pretenden dar gusto a la diversidad de compradores actual. En este sentido, existen personas que es formato novela no le molesta, al contrario. Posiblemente, hasta les parezca que lucen muy bien en su estantería. Estos lectores disfrutan con una obra de mil páginas entre sus manos y optan por estas recopilaciones. En cambio, en el lado contrario, tenemos a personas que les gusta tener cómics que les suscitan interés, que pueden llevarse a cualquier lado y leerlas fácilmente, pero que también pueden lucir en la estantería. De ahí que los formatos pocket también estén teniendo un gran éxito ahora mismo. En tercer lugar, veremos editoriales que optan por un formato de enorme calidad y cuyos precios terminan seleccionando mucho a la clientela. Esta opción no es tan frecuente, pero también tiene su lugar.

    Cualquiera de estas opciones va a sesgar a la clientela. No todo el mundo puede pagar 35 euros por un cómic de 70 páginas. Tampoco gusta a cualquiera las recopilaciones enormes o las ediciones más baratas. En todo este “juego” comercial funcionan nuestras percepciones, imaginarios y preferencias. También intervienen elementos identitarios y de prestigio. Un buen número de aspectos que nos harán sentirnos, entre otros, como “verdaderos” lectores de cómics, como amantes del cómic o como simples lectores.

    Por Juan R. Coca

  • Javier Ara continúa desplegando el mundo de su Dark Investment

    Javier Ara continúa desplegando el mundo de su Dark Investment
    Portada de Dark Investment – Trata de almas.

    El sector del cómic alternativo nos da unas alegrías que no vamos a tener con el cómic industrial. Me refiero a la posibilidad de encontrarnos con obras repletas de referencias transversales que convergen y divergen en una misma obra. Obras curiosas, poco convencionales y entretenidas. Esto es precisamente lo que veremos en la serie Dark Investment firmada por el creado Javier Ara.

    Javier es un creador que comenzó su carrera hace poco tiempo. Concretamente en 2017 firmó la obra Atraco a mano alzada (2017) y posteriormente La gran batalla de los gusis (2019). En el año 2021 publicó el primer volumen de la serie Dark Investment y un año después el segundo volumen. Todas estas obras han visto la luz en la editorial Drakul y ya está anunciada la tercera parte de la serie.

    Cuando un lector se acerca a esta serie se topa con reminiscencias del mundo de los superhéroes. Ahora bien, esto no termina de ser un elemento esencial de la obra. En el Incidente Calcabrina, el primer volumen, efectivamente así fue. El recuerdo al mundo de los superhéroes resulta un tanto tangencial. En cambio, en el segundo volumen, Trata de almas, los personajes con traje serán más habituales. No obstante, sigo pensando que este elemento funciona más como un factor estético.

    Página interior de la obra.

    En la serie, lo que no toparemos con frecuencia son los elementos mágicos. Recorreremos diversos mundos, especialmente el oscuro (tal y como nos adelanta el título) a golpe de acción y estratagemas en un mundo complicado. En el segundo volumen Ara juega con elementos históricos para dar sensación de verosimilitud a un mundo que, por otro lado, se separa notablemente de las convenciones previas.

    En El incidente Calcabrina, Ara juega con la crítica social. Este aspecto no lo hemos encontrado en Trata de almas. En esta segunda parte, el creador opta por conjugar el cómic negro con elementos históricos y, por supuesto, los superhéroes de los que ya hemos hablado. Todo regado con un trasfondo mágico. En este sentido, reconozco que la segunda parte me ha parecido más sólida y trabada.

    No podemos dejar de mencionar un aspecto muy relevante en toda la serie: el humor. Sin ningún lugar a dudas, Javier Ara maneja el humor con bastante soltura. Es cierto que se nota que es un varón y el humor, en ocasiones, encaja con los gustos de los varones. En este sentido, y sospechando esto, fotografié una página donde se ve al personaje Metralladura para ver la reacción en algunas mujeres de mi entorno. Ellas me confirmaron que, efectivamente, era un elemento típico del humor masculino y convencional. Posiblemente, si añadimos el personaje de Mojabragas, entonces ya tendremos otro as para nuestro póker.

    No obstante, Trata de almas es un trabajo divertido, muy divertido. Una obra repleta de acción, trampas, simulaciones y negociaciones. He aquí la brillantez del trabajo. De un conjunto de ideas que parecen locos y desordenados, emerge una obra estructurada y entretenida. Un trabajo posmoderno que nos hará volver a sentirnos como jóvenes.

    El apartado gráfico es adecuado y funciona correctamente. El propio Ara evita las viñetas vacías y va cambiando la estructuración de las páginas. Dichos cambios no parecen deberse a un sentido interno en la obra, sino a una conformación del sentido de la página. Los colores, por último, varían en algunas páginas de la obra. En este sentido, no se mantiene una paleta cromática similar en toda la obra, sí en su mayor parte, pero en alguna que otra página con encontramos con rupturas en la narración visual.

    En definitiva, un cómic entretenido que nos hará pasar un buen rato y nos divertirá (posiblemente) más a los hombres que a las mujeres.

    Por Juan R. Coca

  • Caravanas: sabor a sangre y tierra sureña

    Caravanas: sabor a sangre y tierra sureña
    Portada de Caravanas

    Faulkner creó el condado de Yoknapatawpha como símbolo eterno del sur estadounidense. Una tierra de mitos y derrotas, de belleza sutil, crueldad atávica y tradiciones caballerescas, un lugar anclado en el pasado pero que busca un futuro en el que vivir desde un presente violento y deprimido. El cómic Caravanas, de Mark Kneece y Julie Collins-Rousseau, entronca con la literatura sureña dura y agreste postfaulkneriana. Autores como Larry Brown, Harry Crews o Bonnie Jo Campbell nos muestran ese territorio y las vivencias que allí se dan con toda la crudeza posible. Lo mismo hacen los autores de la obra que hoy reseñamos, con una violencia de tintes líricos (los matices de los rostros son prodigiosos al respecto) Kneece y Collins-Rousseau se internan en la oscuridad para encontrar metales preciados, de los que atemperan el alma humana pues son capaces de entrar en diálogo con las sombras que a todos nos acorralan de vez en cuando.

    La desesperación ya no es tal cuando todo en la vida es desesperanza y algo así le ocurre al protagonista, Josh Clayton, cuya vida no tiene paz ni lugares de protección. De hecho, no tiene apenas nada a lo que aferrarse que le pueda dar la más mínima sensación de seguridad. Una madre en caída en picado, unos hermanos pequeños a los que atender, unas amistades peligrosas y un amor en ciernes que no sabe cómo manejar, después de todo es un adolescente y la adolescencia ya es, incluso para el joven con el ambiente familiar más estable, “territorio comanche”.

    Estamos en Carolina de Sur, uno de los estados arquetípicos de la geografía sureña estadounidense, y allí la violencia y pobreza de las zonas más deprimidas va de la mano con las glorias del pasado que se pudieron mantener a flote. El sueño americano también palpita en cada página, en cada golpe que se lleva el protagonista, siendo de esto modo casi un relato de iniciación. También es un relato de amor, con la dulzura y la melancolía propia del amor de juventud donde todo es posible y de hecho todo posiblemente acaba mal.

    El blanco y negro de las páginas da una sobriedad magistral al texto, el dibujo cuidadoso se entrelaza con la precisión y parquedad de los diálogos, tampoco hay más que decir. Lo que se muestra y lo que se dice, por lo tanto, van de la mano. Uno acompaña a Josh página a página con el corazón en un puño, casi porque ese sur duro y violento es un símbolo de la vida en algún momento para todos, mucho más en la adolescencia, donde todo excita y atemoriza por igual.

    El lector interesado en este tipo de ficción disfrutará enormemente con este cómic, pero hay tanto de valor en estas páginas que creo que cualquiera que quiera acercarse a una obra dura pero escrita con mucho gusto estético encontrará muchas cosas que le interesarán.

    Por Francisco J. Francisco.

  • Paletos, rústicos y demás familia

    Paletos, rústicos y demás familia
    Portada de North 40

    A través de diferentes disciplinas sociales relacionadas con el lenguaje se ha detectado, desde hace años, que la identidad que le otorgamos a las personas o a los grupos sociales está vinculada al sentido que le damos a estas mismas personas. Partiendo de esta idea, Landowski nos ha mostrado en su obra Presencias del Otro que solemos otorgar un determinado sentido al espacio simbólico donde se encuentran los grupos con los que no nos identificamos. Ese espacio suele estar oscurecido y extraño en ellos, mientras que en nuestro espacio simbólico creemos que es más claro y sencillo.

    Ejemplos de esto nos los encontramos cuando nos adentramos en las sátiras contra el rústico de la que habla Umberto Eco en su Historia de la fealdad. Este gran pensador nos muestra como en los fabliaux franceses o en los Cuentos de Canterbury el personaje rústico es presentado como un tonto o como un estafador. Estos elementos simbólicos también los encontramos en la escultura o en la pintura.

    Estos aspectos también se han trasladado al noveno arte. En el caso de la industria estadounidense lo encontramos repetidamente en la referencia a la mal llamada “América profunda”. Guionistas como Aaron Williams, Jason Aaron, Joe Hill, Christopher Priest o Mark Kneece, entre otros, se han ocupado de construir obras sobre ese contexto social. Evidentemente, en el noveno arte las referencias son relativamente actuales, ahora bien, es frecuente la presencia de un patrón simbólico constante.

    En Caravanas (Kneece), en Paletos cabrones (Aaron) y en North 40 (Williams) se muestran zonas empobrecidas, con pocas opciones de futuro. En ellas, aparecen personas violentas, desagradables y, en muchas ocasiones, fea o deformadas. Estos personajes serán los que generen los conflictos y, por lo tanto, terminan siendo desagradables para el lector. En el caso de North 40 los elementos sociales tornan en estructuras simbólicas lovecraftianas. En las obras Caravanas y Paletos cabrones, el juego es más directo. Los paletos, los rústicos, optan por vidas disfuncionales y problemáticas. Ante eso, el personaje principal debe (moral) sobreponerse y tomar una opción alternativa.

    Los dos ejemplos que nos quedan son un tanto diferentes a los demás. Priest en U.S.Agent nos muestra a ese grupo social como si fueran algo tontos o simples. Los valores positivos se los va a otorgar el protagonista, no están presentes en la representación del colectivo en cuestión. Este hecho hace que esta zona se “ideal” para realizar acciones políticas de control y manipulación. En último lugar haremos referencia a Hill, quien en su Locke & Key también recurre a un personaje con estas características. No obstante, en este caso no podemos decir que, estrictamente, la obra esté relacionada con la América profunda, ya que se localiza en Nueva Inglaterra, al norte de los Estados Unidos. El personaje recuerda, sin duda, a un paleto, pero no podemos afirmar, estrictamente, que lo sea. Sin embargo, creemos que la construcción simbólica del rústico feo y malo, permanece también en la obra de Hill.

    Estos ejemplos, de un modo u otro, nos hablan de unos grupos sociales que tienen pocas posibilidades y que, por tanto, pueden llegar a ser rechazados simbólicamente. Sobre todo, ya que, en estas obras, serán capaces de llevar a cabo las peores acciones que podamos imaginar. En cierto modo, podríamos decir que representan cierto enemigo social que la “civilización” norteña tiene que combatir.

    Evidentemente esta realidad social existe, la cuestión estaría entonces en saber qué juego simbólico queremos jugar. Podríamos plantearnos una reivindicación y una transformación que busque mejorar la vida de estos colectivos o bien asentar un imaginario social que, de un modo u otro, mantenga unos valores negativos en ellos. Sin ninguna duda, el segundo aspecto nos da mucho más juego creativo. Posiblemente esta sea la razón de que se utilicen como recurso narrativo recurrente. Sabemos que los Estados de América profunda aceptan las armas con mayor afecto, tienen comportamientos sociales más conservadores e incluso recalcitrantes. Ahora bien, la pregunta es, entonces, si son realmente nuestros enemigos o son fruto de un contexto social que podría ser cambiado.

    Por Juan R. Coca

  • El peligro venía de nosotros mismos: sobre zombis, humanos y otros monstruos actuales

    El peligro venía de nosotros mismos: sobre zombis, humanos y otros monstruos actuales
    Portada de The Last of Us.

    No creo decir ninguna imprecisión al afirmar que estamos rodeados de zombis peligrosos. Las ficciones postapocalípticas son una constante estos días, aunque lo cierto es que llevan ya unos cuantos años prodigándose. Esto es así en diversos medios, quizás con mayor constancia en series de tv, videojuegos y cómics. La suerte para todo aquel que disfrute de estos mundos lejanos (o cada vez más cercanos, hay cierto sabor “proléptico” en todo lo que nos van presentando, sobre todo en los detalles de la vida humana después de las caídas) es grande; eso sí, la “desfamiliarización” de entornos conocidos, una de las bases estructurales del género, empieza a ser demasiado “familiar”, inquietantemente reconocible.

    Obviamente, no todo el género postapocalíptico (que pertenece al más amplio de las distopías) tiene a zombis como los “monstruos” centrales en sus arcos argumentales, pero es cierto que aparecen mucho. Por eso repito, amigos, estamos rodeados de zombis, constantemente, en todo momento, en todo lugar. Estemos al tanto, pues la vida y la supervivencia humana depende de ello. Después de todo, es un lugar violento ahí afuera, aunque lo cubramos con mantitas de colores, colchas con volantes, alfombras bien mullidas y cosas bonitas que nos ponen a distancia todo lo que no mola: la muerte, el dolor y el sufrimiento. No pensar en ellos en todo momento es agradable, evitarlo a cualquier precio es más peligroso. Es una manera de capear el temporal, cierto, pero la tormenta llega seguro y conviene estar preparados para ello.

    Portada de The Walking Dead 10

    Ahora bien, estos zombis no son tan fieros como los pintan, por decirlo de alguna manera. Pensemos en tres obras excepcionales dentro de la postapocalíptica de zombis: El cómic The Walking Dead de Robert Kirkman (serie argumental ya cerrada), la serie Black Summer de Schaefer y Hyams (con dos temporadas hasta el momento) y el videojuego The Last of Us desarrollado por el estudio Naughty Dog (parte I y parte II, que posteriormente se convirtió en un cómic). Pues bien, estas tres obras juegan con una típica “bola curva” para desviar la atención de lo verdaderamente importante: lo mala gente, lo amargamente crueles, que parece que tendemos a ser en las situaciones más difíciles.

    Los zombis están ahí, dicen que son lo peor, lo más peligroso del mundo, pero ellos en realidad están a lo suyo: pegándonos bocados (algo tendrán que comer o, mejor dicho, a alguien) e infectándonos a la primera de cambio (cuantos más seamos, mejor lo pasaremos). De esta manera, parecen ser ellos los monstruos y nosotros los buenos, los salvadores, los de siempre, es nuestro planeta, ¿no? Lo reclamamos en propiedad y no hay lugar para más no-gente, ya sean zombis, marcianos o los vecinos de al lado que son más no-gente que nosotros simplemente porque no son nosotros, no son de los nuestros.

    Todas estas ficciones nos recuerdan lo verdaderamente importante: el peligro siempre viene de dentro. Los zombis son aquello que aparece debido a las hambrunas, la crisis climática, las pandemias, los inmigrantes que huyen de guerras y condiciones sociales insoportables. Obviamente no desde una visión simplista y buenista, no es cuestión de invitar a un zombi a cenar porque posiblemente se cene a tu familia y casi seguro sin la menor etiqueta, ni siquiera te lo agradecería, os hincaría el diente sin más y con las mismas te convertirías en uno de ellos: primarios, básicos, rutinarios, sin capacidad crítica, llevados por sus impulsos. Son zombis, al fin y al cabo, ¿qué les podemos pedir? ¿Una cálida conversación al calor de la chimenea discutiendo las bellezas de la poesía italiana renacentista? Va a ser que no.

    Todo esto me lleva al inicio del presente texto, sigo considerando que estamos rodeados de zombis, pero el peligro está en otras partes. Igual que en las ficciones a las que me he estado refiriendo aquí, el peligro siempre vino de nosotros mismos, nosotros somos el infierno porque lo llevamos dentro, lo proyectamos hacia los otros para que todo sea más soportable. Tal es la condición humana, tal nuestra necesidad de conocernos a pesar de que no hemos estado intentando hacer otra cosa desde el despertar de la conciencia. Bienvenidos sean estos zombis que nos recuerdan que hay veces que se nos quema la casa y nos quedamos mirando por la ventana dando gracias por seguir bajo techado porque lo de afuera es peligroso y en una de estas, ya ves tú, va y nos mata.

    Por Francisco J. Francisco.

  • Morir para contarlo: El instinto zombie

    Morir para contarlo: El instinto zombie
    Portada de Crossed.

    En La Revista de Cómic seguimos con nuestro debate sobre los zombis y la cultura. En esta ocasión de la mano de Claudio J. Rodríguez.

    No toda muerte tiene el mismo peso, y no todo cómic pone el mismo valor sobre la vida. Es recurrente la efímera naturaleza de la muerte en el mundo de un tipo específico de cómics, pero hay diferencias cualitativas entre los tipos de muerte que se abren como posibilidades para los personajes que habitan distintos mundos narrativos. Digamos, el Superman postrado y desarticulado de Jurgens está, en su forma más vulgar, muerto. Y de su muerte y numerosos títulos con remplazos sólo hay un resultado que impera: la resucitación. El Superman que resurge de la matriz regenerativa vuelve a la vida con plenas capacidades mentales. Este Superman no es un “muerto en vida”, es un muerto que ha vuelto a vivir.

    Criaturas fugaces y anónimas como los zombies no pueden ser muertos que han vuelto a vivir, sino muertos en vida. La diferencia es psicológica en el sentido de la configuración de su aparato cognitivo: El zombie carece de éste, mientras que el muerto resucitado retiene una continuidad coherente entre su ser pre-muerto y su resurrección.

    En primera instancia, lo que resulta de esto es que la muerte en vida no resulta ser lo que define al zombie. Ni siquiera su sed ciega lo es. Lo que define al zombie como personaje es que su experiencia se despersonaliza y se antihumaniza. La muerte, finalmente, tiene poco que ver con el zombie—es sólo un mecanismo de transición entre un estado que colinda entre los diferentes tonos de moralidad y un estado de absoluta disolución de su pertenencia social.

    Ver un rostro humano disuelto de empatía, sin embargo, es parte del encanto de esta ficción. El zombie es un personaje despersonalizado, pero también es presentado bajo una sintaxis visual clara. En DCeased, por ejemplo, se nos entrega una versión alternativa del zombie que no depende por completo de la muerte, pero sí de su presentación tradicional. La muerte entonces es simbólica—irrelevante para efectos de lo que el zombie es. La ecuación anti-vida causa la transición, pero los efectos son, a grandes rasgos, idénticos a lo que esperamos de un zombie.

    Portada de Super Zombie

    Y sin embargo, Marvel Zombies, por poner otro ejemplo, no retiene el aspecto psicológico de nuestra previa presición. Los zombies retienen su aspecto visual, pero cognitivamente, mantienen, más o menos, sus plenas capacidades. Éstos son, a la mirada del lector, zombies por apariencia y ansia. Como la taxonomía del zombie se diluye, basta compara los superhéroes en uso de sus facultades de Marvel Zombies con el Batman de Red Rain de 1991, donde Batman adquiere las habilidades y desventajas de los vampiros, incluyendo la imperiosa necesidad de ingerir sangre humana. Las diferencias son específicas, pero no cuantiosas: En primer lugar, los zombies de Marvel Zombie no pueden detener su deseo mortal, mientras que el Batman vampiro lucha contra su instinto a fuerza de voluntad. Más importante es la segunda diferencia: el Batman vampiro no parece zombie.

    En Zo zo zo zombie-kun de Yasunari Nagatoshi hay otra diferencia notable: La presentación es compartida, e incluso las características cognitivas del zombie se mantienen más o menos bajo la misma línea de los zombies clásicos, pero éste es un zombie para niños, infantil, sin maldad. ¿Sigue siendo esto un zombie? ¿Es su presentación visual y denominación lo que realmente cuenta?

    Frank Snowden, en su Epidemics and Society examina la transición entre la visión romántica y la no romántica de la tuberculosis, dándonos quizás una pista sobre cómo cambia la visión de qué características comparten los grupos infectados a nivel social. De la tuberculosis como una enfermedad que ennoblece, se pasa a una visión más cruda,de la enfermedad como indicador de pobreza. El zombie, en la escritura del cómic, se desguaza. Como la tuberculosis, la forma en que el cómic ve los zombies se transforma. En Crossed, de Garth Ennis, se nos presentan infectados inmorales, monstruos de rostro humano que actúan según sus más bajos impulsos. Éstos, sin embargo, no han muerto ni llevan los aspectos más tradicionales de la apariencia del zombie. No son zombies como tales porque sus aspectos no van de la mano con la podredumbre del cuerpo. Si esto es lo único que los desclasifica del género, entonces el género lo define su visualidad y una vaga sensación general de que los zombies hacen, a menudo, pero no necesariamente, cosas horribles.

    Portada del número 07 de Infection

    La era donde el zombie es anónimo, amoral y automático ha sido relegada a una opción. Ciertas propiedades asumidas del zombie delimitan el término, y sin embargo, estas limitaciones son más importantes cuando se les da visualidad. Incluso en casos menos tradicionales en cuanto a su expresión y género, como son los zombies “agusanados” del Infection de Tooru Oikawa, hay una continuidad entre el valor visual de la muerte y la representación del personaje.

    Finalmente, la vida del zombie como personaje ha mutado cual enfermedad, y con ello, posiblemente, cómo los tratamos. Desde la libertad relativa que tienen los personajes para (re)matarlos (donde hasta el Superman de DCeased se permite el lujo) a casos en que dar muerte a un zombie no es aceptable (como en Igai – The Play Dead/Alive de Tsukasa Saimura), el zombie es un conflicto de asociaciones psicológicas y fisiológicas. La violencia del personaje es casi universal, pero no definitiva. La muerte de la persona—o su extinción, quizás—nos acerca más a la fuente del significado de ser un zombie, pero su definición propiamente tal evoluciona. Su visualidad es más o menos rígida, pero no de forma exclusiva. La no-vida es, por ahora, una experiencia entre vacía y deformada, más abierta de lo que podríamos esperar. La pregunta restante, en todo caso, es si lo que es casi un zombie cuenta como tal. Y si no, aunque tiendo a pensar que sí, ¿hasta dónde nos puede llevar un concepto diferente?

    Por Claudio J. Rodríguez H.

    Bibliografía

    Snowden, F.M. (2020). Epidemics and Society: From the Black Death to the Present. Yale University Press, New Haven.

  • La trilogía de los oscuros elementos de lo humano

    La trilogía de los oscuros elementos de lo humano
    Portadas de las obras que componen la trilogía

    Hoy vamos a hablar de la trilogía del gran Antonio Altarriba y dibujada magistralmente por Keko. En ella, los creadores nos plantean una interesante introducción al oscuro mundo de aquello que nos hace humanos. En este sentido podría parecer que estos trabajos tienen influencia de Schopenhauer y de su visión negativa de la humanidad, pero no es del todo así.

    El trabajo tiene un carácter paradójico puesto que, como acabos de decir, disfruta de las oscuras características humanas, pero lo hace con cierto aire de disfrute. En este sentido, Altarriba huye de la moralina y de visiones cursis. Es perfectamente consciente de que todos los elementos que desgrana en la trilogía están, de un modo u otro, en la humanidad. Por esta razón, no es necesario castigar a los humanos por quienes son. El problema no está ahí. La problemática social está en la acción humana y en las consecuencias no intencionadas de ésta. Pero vayamos por partes…

    En la primera de las obras “Yo, asesino” el propio autor se establece como si fuese el protagonista de la obra. Un juego interesante ya que, precisamente, es el que nos indica que Altarriba juega con elementos ontológicos de la humanidad. Además, nos lleva por los caminos tortuosos, incluso macabros, de nuestra intencionalidad. Como decimos, se juega con la posibilidad de que, cada uno de nosotros, pueda desear asesinar a otras personas o, incluso, disfrutar de la propia de la propia muerte.

    En este sentido, la obra plantea (posiblemente) una especie de recuperación de algunos elementos del medievo, del romanticismo o de la modernidad. Hablamos de cierto decadentismo, elementos de esas danzas de la muerte de las que hemos hablado en otra ocasión, de ese espíritu macabro y oscuro, etc. Sin ninguna duda, estos aspectos hacen que la obra lograse ser la más exitosa de la trilogía (5 ediciones) y, además, curiosamente, enlaza con el mundo de lo académico y con el mundo del arte.

    “Yo, loco” es la segunda de las obras de la trilogía. En ella se nos presenta un trabajo muy sugerente en el que se enlaza lo psicológico, los aspectos más mentales, (de ahí lo de loco) con los aspectos farmacológicos. En este sentido, se plantea una especie de crítica bastante mordaz al mundo farmacéutico y a la construcción de las enfermedades. Este aspecto, nos hace pensar que Altarriba realmente considera que las enfermedades, o una buena parte de ellas, también pueden llegar a estar construidas, tal y como plantea la historia de la medicina.

    Con estos elementos, Altarriba juega para conformar una obra en la que, además, también existen tintes policiacos e, incluso, novela negra. No obstante, estos mismos aspectos se encontraban muy presentes en la “Yo, asesino”. Posiblemente, se introduce un elemento, que termina enlazando con la tercera obra de la trilogía, que es el de la consecución de poder.

    En último lugar, nos encontramos con una obra en la que lo más importante es la mentira. Hemos pasado por el asesinato, por la muerte, la locura, la demencia y, ahora, caemos en las redes de la mentira. Pero ¿qué es la mentira? ¿dónde la encontramos? Altarriba identifica, en cierta manera (o, por lo menos, juega con este aspecto), la falsedad con la política. Al fin y al cabo, los políticos son la personificación del imaginario actual del gran fabulador. Altarriba, nuevamente, usa la idea de la construcción social de la realidad y emplea los entresijos del poder, de la necesidad de formar parte de un determinado grupo social y de la pretensión de escalar en la estructura social, para hablar de la perversión de la propia política y de la toma de decisiones. “Yo, mentiroso” es, sin duda, la más la obra más divertida de la trilogía, con diferencia.

    Como digo, lo más interesante el trabajo Altarriba es esta intención de andar en los oscuros elementos que conforman lo humano. Estos aspectos, nos definen como malos (demonios), pero que, a su vez, hacen que la realidad pueda llegar a ser algo extraño difícil e incluso peligroso. Ahora bien, si nos damos cuenta de estos elementos, y los limitamos en nuestra actuación, entonces abriremos las puertas de aquello que la sociedad entiende como bueno e, incluso, santo.

    Comenzamos por unos humanos que podrían, perfectamente, llegar a matar a aquella persona que consideran enemigo o, incluso, a aquello que, de un modo u otro, nos resulta atractivo. Pasamos, después, a unos humanos que están enloquecidos y que, en cierta manera, se terminan situando en una especie de muerte social. Para finalmente, irnos a la obsesión por el poder a la obsesión por medrar sin importen nada más.

    Página interior de Yo, loco

    Por otro lado, el trabajo de Keko es sumamente interesante porque juega con ese impacto necesario en unas obras tan directas, adultas e, en ocasiones, oscuras. Keko estructura su narración en base al uso de los negros, de las sombras… En este sentido, el creador logra hacer una narración visual muy pero que muy adulta. Recordemos que la obra ahonda en lo oscuro de la humanidad, y el trabajo de Keko, realmente, logra espectacularmente aportar un contexto visual imprescindible para ello. De hecho, el resultado es sorprendente.

    En alguna de las imágenes de, por ejemplo, “Yo, loco” (cuando el protagonista está solo en la ciudad o en un paraje natural) impacta la construcción de los ambientes. Además, resultan sobrecogedoras las expresiones, las caras o los ojos. Es un trabajo realmente soberbio. No obstante, el uso del verde en la tercera obra resulta, en alguna viñeta, un tanto extraño.

    En definitiva, hoy hemos querido pasar por esa impresionante trilogía que siempre es necesario recordarla. La tenemos a nuestra disposición en la editorial Norma. En muchos sentidos, este trabajo es esencial y necesario para todas aquellas personas interesadas en el producto español y en las obras de calidad.

    Por Juan R. Coca

  • Sobre la muerte social y los correlatos en el noveno arte

    Sobre la muerte social y los correlatos en el noveno arte
    Portada de la edición The Walking Dead Compendium one.

    Un estudio de hace años muestra una seductora reflexión sobre esto.

    En 2017 Philippe Charlier y sus colaboradores escribieron un breve artículo sobre la muerte social, la melancolía y los zombies. En el trabajo reflexionaban sobre la actividad humana y la muerte, para, posteriormente, hablar de aspectos culturales. Los autores partieron del concepto de muerte social. Una idea francamente sugerente que abre la puerta a muchas reflexiones y estudios.

    El concepto de muerte social, según este autor (2015 y 2017), implica que las personas afectadas, de un modo u otro, estarán simbólicamente “muertas”. Esto es, no tendrán capacidad de llevar a cabo actividades sociales debido a procesos voluntarios o involuntarios de separación física y social de la comunidad. Según ellos, los grupos sociales que podrían estar vinculados a esta muerte social son: los pacientes al final de la vida, las personas sin hogar, aquellos internados en instituciones médico-sociales de larga duración, inmigrantes desarraigados, parados de larga duración, jubilados sin actividad, ancianos y presos de larga duración. En definitiva, afirman, aquellas personas que no son reconocidas como miembros de la sociedad.

    Sin ninguna duda, la visión que plantean estas personas es dura y, además, está estrechamente relacionada con una visión crítica de la utilidad económica como mecanismo de identificación de esta significación social. Por otro lado, este concepto de “muerte social” también está relacionado con la cultura del zombi o con la exclusión social de las personas infectadas. Recordemos que el interés por el mundo zombi ha sido relativamente grande en el noveno arte. Sin ninguna duda, Robert Kirkman ha logrado coronarse como unos de los principales creadores que han actualizado la visión de estos no-muertos, pero, por supuesto, no es el único.

    Desde esta perspectiva parece que la idea que publicamos en esta revista sobre la reactualización de las danzas de la muerte no estaría tan clara. Es decir, la idea de que los zombis son una especie de constatación de nuestra propia finitud, se tranforma aquí en una visión de la tragedia humana fruto de la exclusión social (repetimos, voluntaria u obligada). Pues bien, la cosa no se queda aquí, los autores que hemos mencionado, incluso, consideran que los procesos de transformación de la identidad, tales como la melancolía o la zombificación estarían, de un modo u otro, relacionados con esta “muerte social”.

    Una vez más la cultura y, por supuesto, el noveno arte nos conduce a un mundo sorprendente y no tan alejado de la realidad como muchos pudieran llegar a pensar. Sin ninguna duda habrá que seguir estudiando, pero (pese a la crudeza de la idea) todas estas ideas ayudan a pensar la realidad social desde otra perspectiva.

    Por Juan R. Coca

    Referencias bibliográficas.

    P. Charlier, J. Hassin. Social death: ethical and medical anthropology aspects. Ethics Med Public Health, 1 (2015), pp. 512-516

    P. Charlier, S. Deo, J. Hassin, C. Hervé. Social death, melancholia, and zombies: same patterns. Med Hypotheses, 101 (2017), pp. 59-60

  • ¿La reactualización de las danzas de la muerte?

    ¿La reactualización de las danzas de la muerte?

    Este género medieval parece haberse reactualizado en los últimos tiempos

    Portada del número 1 de Zombillenium

    La Edad Media fue un momento de la historia repleta de paradojas. Se le ha designado, injustamente, la época oscura. Es verdad que todo estaba condicionado por la religión, pero ello no quiere decir que no fuera una época creativa y de interés. Ahora bien, también hubo multitud de contiendas bélicas. Esto produjo grandes enfermedades, hambrunas y dificultades para las personas. Si nos paramos a pensarlo, es lógico que la muerte formase parte esencial de la cultura de la época.

    La muerte, sin ninguna duda, es un fenómeno que iguala a todos los miembros de la sociedad. No importa si eres rey o labriego. Es indiferente el poder o la riqueza que tengas, finalmente te vas a morir. Esta realidad indefectible logró tanto impacto en el imaginario que se generó un tipo de creación denominadas Danzas de la muerte.

    La idea básica de esta expresión cultural es la de mostrar que la muerte siempre está ahí, a nuestro lado. Siempre nos va a invitar a bailar con ella. En nuestro ámbito, destacó la Danza general de la muerte; un poema del siglo XV donde la muerte invita a todas las personas a bailar con ella.

    Rey fuerte, tirano, que siempre robastes

    todo vuestro reyno o fenchistes el arca!

    De fazer justicia muy poco curastes

    segunt es notorio por vuestra comarca.

    Venit para mi, que yo so monarca,

    que prendere a vos e a otro mas alto,

    llegad a la dança cortes en un salto.

    En pos de vos venga luego el patriarca.

    En la actualidad estas danzas parecen haber mutado, en el noveno arte, en el mundo de los zombis. Estos seres, de un modo u otro, son expresión de la muerte. Es cierto que no hablamos de una danza y que estos seres no están, estrictamente, muertos. No hay duda, pero creo que existen ciertas concomitancias que son francamente interesantes. El zombi, en este sentido, nos muestra lo que podríamos llegar a ser. Nos indica hacia donde podríamos conducir el mundo y la sociedad. Por esta razón, incluso los héroes de Marvel e incluso El Joker han mostrado cierta similitud con este mundillo zombi. No podemos olvidarnos de mencionar a la famosa The walking dead, Stitched, Zombillenium o La noche más oscura, entre otros.

    Por Xiana Martín.