LA REVISTA DE CÓMIC

Revista cultural sobre la actualidad del cómic independiente

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  • La providencia condiciona nuestro mundo

    Portada de Providence (Panini)

    Panini reedita y recopila la trilogía de Alan Moore publicada en Avatar Press.

    El término pro-viden-cia hace referencia a la capacidad (-cia) de ver (videre) con cierta antelación (pro-). Esta posibilidad ha sido deseada por multitud de culturas como el fenómeno de videncia o de (u/dis)topía por excelencia. Las sacerdotisas, los oráculos, la brujería, así como las diferentes religiones presentan referencias sobre ella. Ahora bien, la cuestión no estaría tanto en la propia capacidad. Sino en es saber dónde está la fuente de la misma. He aquí el verdadero problema.

    Durante multitud de años, la fuente de esta posibilidad estuvo asentada en la religión/espiritualidad. En la actualidad, la situación ha cambiado notablemente y el sustituto funcional de esta providencia estaría en la ciencia y la tecnología. En cambio, hace algunos años, la ciencia y la tecnología no estaba tan desarrollada, por lo que esa capacidad recaía en la política. Si pensamos en los ilustrados, nos daremos cuenta de esto que acabo de indicar. Al fin y al cabo, sabemos que la política y la religión están más cerca, la una de la otra, de lo que podría parecer.

    Alan Moore, uno de los creadores más políticos y profundos del noveno arte, parece ser consciente de esto. Por eso, en su obra Providence opta por introducir el horror indescifrable de Lovecraft en su particular realidad sociopolítica. En otras ocasiones ya indiqué que en From Hell, en Watchmen, en V de vendetta e, incluso, en La liga de los hombres extraordinarios Moore inunda, de un modo u otro, la narración de elementos sociopolíticos. ¿Por qué Providence iba a ser diferente? No lo es.

    La obra (que magistralmente acaba de ser vuelta a editar por Panini) incluye una trilogía conformada por los siguientes trabajos: The Courtyard (obra del 2003), Neonomicon (publicada entre 2010 y 2011) y Providence (2015-2017). Esta trilogía ha visto la luz recientemente como tomo único y representa a una de las obras con mayor dificultad de definición. Es una obra tan llena de matices que resulta complicada de asir. De ahí que no podamos afirmar que sea una obra de terror, ni tampoco podamos aseverar, con rotundidad, que es un trabajo político. Ahora bien, yo me atrevería a indicar que es más lo segundo que lo primero.

    Moore opta por introducir su mente en los elementos recónditos de la psique colectiva occidental. Para ello combina, claramente, elementos presentes en la obra psicoanalítica de Freud y los mezcla con factores culturales primitivos. Me pregunto si con ello busca ahondar en los elementos básicos que conforman la sociedad: la sexualidad y la religión. Estos dos pilares fueron dando forma al mundo actual por acción o por omisión. Por ello no resulta extraño que el recorrido que se nos muestra sea una especie de trasunto histórico en lo que hemos vivido y en lo que nos queda por vivir.

    Al comienzo indicamos que la política es un sustituto funcional de la religión. Esto es debido a que, entre otros aspectos, comparten elementos de control social, de moralización y de liberación también. De ahí que existe cierta proximidad entre ambas e, incluso, nos encontramos ritos semejantes. Pues bien, Providence nos cuestiona sobre ambos fenómenos sociales y, de una manera, provocadora y un tanto subversiva nos hace plantearnos la realidad que tenemos ante nosotros. ¿Quién ostenta el poder? ¿Dónde están las fuerzas ocultas que manejan los hilos de la realidad? ¿Estoy completamente seguro que lo que tengo ante mí es como creo que es?

    Al leer la obra nos podemos centrar en lo evidente y obviar el sustrato político. Podríamos pensar que existen seres fantasmales que nos manipulan y nos condicionan. Ahora bien, también podríamos considerar que la existencia de esos seres no es más que otro nuevo intento de control social. Con independencia de lo que cada uno crea, de cuál sea su fe, lo que parece innegable es que solamente será capaz de ver el futuro quien tenga el poder de control sobre los demás. En este sentido, los oráculos, sacerdotes, etc. pueden ser poderosos si nos controlaran. Este control está supeditado, en buena medida, a los impulsos más primitivos: miedo, hambre, sexo, etc. Moore nos muestra solamente el sexo como motor de cambio. Ahora bien, podríamos establecer un análogo con lo instintivo y con lo visceral. De ahí que, yendo a la actualidad, podemos comprender como los partidos políticos actuales buscan controlarnos a través de esta misma estrategia.

    En definitiva, el proceso de secularización ha traído consigo una pérdida de las creencias y de ese control social. Ahora bien, Moore parece indicar que este fenómeno está latente y esperando a algún cambio para emerger de nuevo. Dichos cambios están en qué esperamos de nuestra futura realidad. Es decir, cómo queremos que sea. En función de eso podremos ver, o no, aquellos seres que, de un modo u otro, nos circundan con intención de controlar el mundo. Entonces ¿qué podemos esperar? Posiblemente, nada. Habrá que romper cualquier obra que nos ilumine al respecto, ¿incluso ésta?

    Por Juan R. Coca

  • Un ave que no puede volar: Little Bird de Van Poelgeest

    Portada de la obra Little Bird (Nuevo Nueve)

    Little Bird es una obra galardonada con un Eisner que no termina de convencer

    El mundo del noveno arte, en ocasiones, asienta creaciones en tópicos tan recurrentes que hacen que las obras que así lo hacen, puedan caer en planteamientos anodinos y poco creativos. Little Bird, precisamente, cae en estos topicazos del noveno arte y termina siendo una obra sin substancia y centrada en la forma. Veamos qué queremos decir.

    La narración está centrada en una perspectiva distópica en la que el hiperconservadurismo campa a sus anchas y gobiernas el mundo de la época. Este hecho, esta reminiscencia de una especie de medievalismo reinterpretado en futuro posible, donde volvemos a encontrar a los representantes de la iglesia como agentes políticos, ha dado grandes historias. De hecho, autores como Altarriba, Moore, Hill o Morrison han empleado esta estrategia, de un modo u otro, como estrategia narrativa. Al fin y al cabo, el conservadurismo extremo resulta atractivo como configurador de un enemigo a batir. Ello es así puesto que esta ideología suele venir acompañada de un rigorismo moral y una ética ajustada a las intenciones de los poderosos. Hablamos, entonces, de unos personajes hipócritas y sanguinarios. Como decimos esa realidad sangrienta de una deformación del Medievo que vuelve y vuelve reconvertido en diferentes alternativas narrativas.

    Ante estos enemigos (que, por otro lado, son tecnofílicos y tienen a su favor el desarrollo de la ciencia y la tecnología) está un grupo de rebeldes con aire primitivo y con menos capacidad tecnológica. Otro tópico constante del mundo distópico. Esto nos conduce a los pensadores de la ilustración francesa que concebían a la naturaleza como expresión de aquello que hace al humano lo que es. De ahí que la tecnología, y sus productos, nos alejen del mundo natural que nos hace, como decimos, verdaderamente humanos.

    En este juego narrativo manido y repetitivo, se inserta una historia sangrienta y repleta de acción. Un trabajo que pretende llamar la atención con un comienzo profundo y algo filosófico, para desinflarse en un conjunto de vísceras. La obra, además, muestra una clara influencia del cómic japonés con un talante semejante. De hecho, la narración visual firmada por Ian Bertram puede ser considerada como parte del llamado manga europeo. Este aspecto visual es, sin duda, lo mejor del trabajo, al igual que la narración escrita termina siendo demasiado confusa y carente de sentido.

    El problema principal del trabajo es que pretende ser profunda y no logra materializar esta intención. Se sirve, para ello, de cierto grado de confusión y de ausencias narrativas para el lector construya su propia interpretación y aporte ese elemento subjetivo presente en las obras de peso. Lo que sucede es que esos silencios, esos espacios de narración no funcionan y solamente generan confusión. Todo ello me lleva a cuestionar el premio concedido a este trabajo y considerarlo como una obra entretenida y notable, pero, sin ninguna duda, no es una obra sobresaliente.

    Por Juan R. Coca

  • Las novedades de la editorial Fulgencio Pimentel

    Os mostramos las últimas novedades de la interesante Fulgencio Pimentel recibidas en la redacción, tal y como las han enviado desde la propia editorial. Si podemos analizar alguna de las obras os iremos informando sobre ellas.

    La comemadre
    La comemadre, de Roque Larraquy

    1907. Un sanatorio en la periferia de Buenos Aires. Un joven doctor se embarca junto a sus colegas en una serie de experimentos que pretenden arañar el velo que separa la vida de la muerte. En el proceso, descubre la pasión en la persona de la jefa de enfermeras.
        
    2009. Un artista consagrado en busca del tránsito estético definitivo desgrana las circunstancias que lo condujeron hasta aquí. Obsesionado en convertirse él mismo en objeto artístico, experimenta con el cuerpo más allá de cualquier límite moral razonable. En su órbita, dos figuras perturbadoras: la figura del doble y el primer amor.Traducida a siete lenguas y finalista del National Book Award, la primera novela de Roque Larraquy es una obra inclasificable e inolvidable sin remedio que lo ha aupado a un lugar privilegiado de la narrativa latinoamericana contemporánea.Larraquy es un escritor y guionista argentino. En 2021 publicamos su última novela La telepatía nacional que fue selecionada por el New York Times entre los diez mejores libros escritos en español de 2020.
    Las tempestálidas
    Las tempestálidas, de Gueorgui Gospodínov

    Enigmático flâneur y viajero en el tiempo, Gaustín inaugura en Zúrich una clínica pionera para enfermos de alzhéimer. Sus instalaciones reproducen las distintas décadas del siglo pasado al detalle, lo que permite a los pacientes regresar al escenario de sus años de plenitud. Pronto, un número creciente de ciudadanos perfectamente sanos solicita ingresar en la clínica con la esperanza de huir de los callejones sin salida que son sus vidas. Pero este «refugio de tiempo» no puede contener por sí solo un sueño tan seductor, y la idea se propaga por toda Europa. Es entonces cuando el pasado invade el presente como una ola devastadora.Farsa distópica, ensueño y lectura sembrada de premoniciones, el libro ganador del Premio Strega Europeo es un viaje de ida y vuelta al continente del ayer. Gueorgui Gospodínov (Bulgaria, 1968) es el escritor contemporáneo más leído y premiado de su pais. Novelista, poeta y dramaturgo, traducido a treinta idiomas.
    Filial
    Filial, de Serguéi Dovlátov

    El amor -sublime autoengaño- puede arruinar una vida ya de por sí complicada por los tiempos, las circunstancias y el ser humano. En 1981, se celebra en Los Ángeles una conferencia de escritores emigrados. A la habitación de hotel donde duerme nuestro protagonista, un periodista emigrante también, llama inesperadamente Tasja, un amor de juventud, a la que no había visto desde los felices años sesenta.

    Con Dovlátov, nos reímos de nosotros mismos. Su humor, que hoy es un clásico, ha convertido al autor en una de las referencias obligadas de la literatura rusa del pasado siglo XX. Posiblemente el más grande escritor ruso de los últimos 50 años. En 1978 emigró a Estados Unidos, donde se publicaron sus cuentos y novelas, y donde falleció cuando aún no había cumplido los cincuenta años y ninguna de sus obras había visto aún la luz en su patria.
    Nadie como tú
    Nadie como tú, de Catalina Bu

    El primer capítulo del regreso de la autora chilena al cómic es su puesta de largo como autora de primer nivel y la confirmación de una de las narradoras con más hondura y verdad del continente. La gran esperanza del cómic latinoamericano.

    «Un libro sobre andar un poco deshidratada, agradecer el clima, vitrinear, escribir una carta a tu madre, escuchar a otra persona en la profunda soledad de su muerte. Also: mirar animales por la ventana del auto, manipular el sueño, comer papitas, llorar con rimmel, sentir nostalgia, sentir el sol».

    Dueña de un estilo personalísimo como dibujante y narradora, crudo y musical a un tiempo, la artista chilena Catalina Bu (Concepción, 1989) regresa al cómic después de una década con un libro confesional y extraordinario, que la confirma como una de las nuevas voces más importantes de América Latina.
    Café Romántica
    Café Romántica, de Simon Hanselmann

     Un libro monumental, el más extenso de su autor, con el material más amado por la crítica y más buscado por los fans. El volumen incluye al completo dos volúmenes norteamericanos (Seeds and Stems + Below Ambition), junto a material inédito en cualquier latitud. Portada exclusiva para la edición española, en la que Búho homenajea a Bryan Ferry, de Roxy Music.Simon Hanselmann regresa con un nuevo y contundente volumen de una de las series más importantes del cómic de nuestros días. En su interior, todo el material creado entre 2016 y 2021 para sus fanzines autoeditados, revistas y antologías varias, jamás recopilado antes en forma de libro. Precisamente el material más deseado por los fans de esta sitcom generacional que levanta pasiones en todo el mundo. Entre sueños lúcidos, referencias cinéfilas, cócteles calamitosos, invasiones ovni y vasectomías de baratillo, esta colección grandiosa de las aventuras de Megg, Mogg, Búho y WW Jones ofrece tanta chicha experimental como relatos inolvidables y dignos de entrar en el canon de su autor.
    La sangre de la virgen
    La sangre de la virgen, de Sammy Harkham

    La obra magna de Harkham, en cuya realización ha empleado más de una década.

    Sammy Harkham es uno de los nombres esenciales del cómic norteamericano de las dos últimas décadas, tan influyente o más como editor de la antología Kramer’s Ergot que como autor de sus propios cómics. Pero eso promete cambiar este año con la publicación de su largamente esperada La sangre de la virgen, la novela gráfica en la que ha invertido más de una década. Relato lúcido y de una perfección literaria que solo conocen los clásicos, La sangre de la virgen narra los avatares de un joven padre y esposo en la industria del cine de terror y bajo presupuesto del Hollywood de principios de los setenta. Entre las rutinas y el desorden de su vida familiar, el desencanto de sus romances ocasionales y la frustrante realidad de sus aspiraciones como artista, las viñetas fotografían momentos de aparente banalidad en los que el paso del tiempo se coagula en un gesto mínimo, casi abstracto. Al fondo, las eternas bocinas de Los Ángeles.
    Ana del lago
    Ana del lago, de Kitty Crowther

    Ana ha tenido suficiente. Su vida junto al lago la está desgastando. Se pregunta por qué las cosas son como son. Cuando Ana se encuentra con los tres gigantes en el fondo del lago, estos le piden su ayuda. Deben llegar al mar antes de que les caiga una terrible maldición. Es la primera vez que Ana sale de casa. «Andar con tres gigantes no va a ser fácil», se dice a sí misma.
        
    Tres islas en un lago resultan ser tres jóvenes gigantes que abren a Ana un camino para salir de la soledad hacia el amor y la comunidad. De padre inglés y madre sueca, Kitty Crowther nació en Bruselas en 1970. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Premio Baobab de Álbum Ilustrado 2009 y el Premio Astrid Lindgren en 2010, el más prestigioso de la literatura infantil y juvenil. Sus libros han sido traducidos a más de veinte idiomas, y en ellos trata temas como la amistad, la soledad o la pérdida de un ser querido, y asuntos cotidianos como el miedo, la espera o los pequeños triunfos de cada día.
    La peli de terror
    El pequeño Vampir. La peli de terror, de Joann Sfar

    «Todo empezó con una peli de terror, El comando de los muertos vivientes

    Pequeño Vampir ya me lo advirtió: ¡Miguel, que esa peli no es para niños! Pero fuimos a verla de todos modos. Los zombis nazis daban mogollón de miedo pero, bueno, solo era una peli.

    Lo malo es que por la noche se me aparecieron en sueños, y tuve que inventarme una puerta secreta para que se fueran por ahí, sin saber hacia dónde llevaba la puerta. ¡Hasta que al día siguiente vino Margarito a decirme que se les había llenado la mansión de zombis asquerosos!»

    Joann Sfar (Niza, 1971) es lo más parecido a una estrella del rock dentro del panorama del cómic europeo. 
        
    La saga de Vampir no se ha limitado al ámbito del cómic, ya que Sfar ha escrito dos novelas protagonizadas por el personaje adulto, y para la versión infantil del mismo vampiro ha dirigido la película El Pequeño Vampiro (2020) y ha escrito varias novelas infantiles-juveniles de próxima aparición en Fulgencio Pimentel.
        
    Sfar es, muy probablemente, el autor de cómic que mayor influencia ha ejercido sobre sus colegas de profesión en las dos últimas décadas en todo el mercado francófono del cómic, y sigue sin aparecer un dibujante capaz de hacerle sombra a nivel creativo.

  • Una decepcionante segunda parte de El Departamento de la Verdad

    Portada de El Departamento de la Verdad. La ciudad sobre la colina.

    Tras una primera parte llamativa y sorprendente, la serie termina optando por ser una copia de otros trabajos previos.

    James Tynion IV y Martin Simmonds continúan desarrollando las ideas establecidas en la primera parte del Departamento de la Verdad. La serie comenzó con unas premisas interesantes. La idea fuerza podría ser que los imaginarios que establecemos socialmente conforman la realidad circundante. Sobre esto ya hemos hablado en el artículo anterior sobre esta serie. Esto permite a los autores estructurar una narración confusa y sugerente. Además, el guión de Tynion logra mantener el interés gracias a la tensión narrativa y al misterio generado (gracias a esa confusión de la que hablamos).

    En este sentido, la primera parte de la serie, como dijimos en su momento, recordaba un poco a la serie de televisión X-File (Expediente X). Con el trascurso de la serie, y más concretamente en este segundo volumen, aquel parecido se confirma plenamente. Es decir, El Departamento de la Verdad, en su conjunto, es una versión alternativa y actualizada de X-File. De hecho, en el cómic nos vamos a topar con los personajes nacidos de la superchería colectiva, tal y como también hacía la serie. Esto convierte a esta obra en algo burdo y simplón. Y, por supuesto, como digo, una reconversión aquella mítica serie.

    Cuando me adentré en la primera parte me venían a la cabeza elementos políticos y sociales. Esto me resultó estimulante y me vinieron a la cabeza obras de Alan Moore, entre otras. Ahora bien, a medida que pasamos las páginas del segundo volumen, comenzamos a ver, precisamente, a Alan Moore y, más concretamente, a su magistral Providence. De hecho, veremos un personaje principal homosexual (como Providence) que está en un proceso de búsqueda relacionado con las supersticiones y con los imaginarios colectivos. Por otro lado, la narración, en ambas obras, explica que estas creencias conforman la realidad en la que estamos. Además, Tynion también utiliza el recurso de emplear la narración literaria como ampliador de información (del mismo modo que hizo Moore en Providence). En definitiva, uno termina teniendo la sensación de estar leyendo Providence, pero con influencia de la serie de televisión.

    Portada de Providence (integral)

    Por todo lo dicho, estamos ante una obra que parece una mezcla de ambos trabajos, lo cual rompe con la originalidad inicial de la misma. La gran diferencia entre ambas es que Moore se adentra, de un modo sutil y elegante, en los condicionantes políticos, por lo que las supersticiones terminan siendo anecdóticas. En cambio, en la obra de Tynion lo único importante es la consabida supuesta intención de ocultación política de la supuesta existencia de los elementos esotéricos y supersticiosos. La diferencia de foco narrativo es vital, pese a que ambas comparten basamento narrativo.

    Por otro lado, la narración escrita de Tynion se esfuerza en ser grandilocuente y pomposa buscando una profundidad que no llega. De hecho, el carácter político inicial se diluye en un conjunto de vagas ideas que confunden por imprecisas y convierten a la narración escrita en algo anodino. Ahora bien, no todo es negativo. La obra logra mantener la tensión y el interés si aceptamos que estamos ante una historia un tanto simplona.

    Sin embargo, la narración visual sigue siendo llamativa y emocionante. El trabajo de Simmonds conserva su fluidez y brillantez. Sin ninguna duda es lo mejor de la serie. Su narración visual es excelente y atrapa al lector entre viñetas cambiantes y estructuras de página dinámicas. Por último, el trabajo de Dibikar también resulta espectacular. Por lo tanto, el apartado gráfico es lo mejor de esta obra y lo único que, en realidad, merece la pena de este segundo volumen.

    En definitiva, si sois creyentes y os interesan las historias sobre las creencias colectivas, esta obra os puede gustar. Si sois más realistas, entonces este trabajo resultará sumamente decepcionante.

    Por Juan R. Coca

  • Tempo da lupi, una obra de transformaciones internas

    Portada de la obra

    Uno de los tópicos recurrentes en la literatura, en el cine y, por supuesto, también en el cómic, son las narraciones sobre las transformaciones o evoluciones de los personajes. Este hecho permite mostrar los cambios en la percepción del mundo, las modificaciones en las relaciones humanas e, incluso, la evolución interna de cada uno de nosotros.

    Pues bien, el pasado 25 de octubre, la editorial Il Castoro publicó el cómic titulado Tempo da lupi. Este trabajo es una adaptación de la novela homónima del conocido Francesco D’Adamo. La adaptación corrió a cargo de Andrea Fontana y las ilustraciones están firmadas por Ste Tirasso. Este equipo de creadores ha realizado una obra con elementos morales y psicológicos.

    Tempo da lupi muestra como un joven va madurando y creciente. Este joven es un chaval que vive cómodamente en la ciudad y que es un tanto inseguro y temeroso. Como no podía ser de otro modo, es necesario barnizarlo de cierto carácter de héroe clásico, de ahí que los autores optaran por mostrar que no tiene padres y por eso vive con su hermano mayor. Siguiendo con estos elementos trágicos, la obra nos cuenta que, tras un accidente, este joven tendrá que enfrentarse con una manada de lobos salvajes. En este sentido, como me indica Dani Paramá, esta historia recuerda al cómic de las Wolfwalkers.

    Página interior.

    Este suceso hará que salga de su particular modo de estar en el mundo y acabe transformado. En este sentido, el cómic va de esto. De la manera en que cada uno de nosotros nos situamos ante el mundo y como esta posición va a condicionar nuestra vida, nuestras decisiones, etc. Fontana plantea la obra de un modo sencillo y directo, incluso algo dulce. En este sentido no es una obra descarnada. Su planteamiento no es morboso, se centra en la transformación interna del protagonista.

    La obra es amable y sin pretensiones. Esto permite que el trabajo pueda ser interpretado de diversas maneras. En este sentido, un público más joven puede ver el cómic como una obra repleta de acción, mientras que un público algo más maduro, puede llegar a comprender mejor los entresijos de la evolución del protagonista.

    Por Xiana Martín.

  • ¿Dónde se encuentra la verdad?

    James Tynion IV nos plantea una obra política y muy actual con ciertos elementos de los noventa.

    El sociólogo Juan Luis Pintos fue un estudioso de los imaginarios sociales y nos mostró que éstos eran esquemas construidos socialmente que permiten percibir, explicar e intervenir en los que cada sistema social se entienda por realidad. Esta definición está en la base de la obra de la que nos ocuparemos hoy: El Departamento de la Verdad. El fin del mundo. Un trabajo realmente absorbente que nos introduce en el mundo de las creencias y percepciones colectivas. En este sentido, la obra nos hará preguntarnos quién dice la verdad y si creemos lo que realmente queremos creer o no.

    La obra, capitaneada por Tynion, juega con una idea presente en X-files. En aquella serie de televisión (de los noventa) se nos mostró a un grupo de personas, pertenecientes al FBI, que intentaban descubrir donde se encontraba la verdad ante la existencia de una serie de fenómenos de difícil comprensión. La serie jugó con multitud de elementos asentados en supersticiones, creencias colectivas irracionales, falsas percepciones, etc. En su momento, aquella serie tuvo un éxito inusitado. De ahí que no resulte extraño que se volviera sobre esta temática.

    El Departamento de la Verdad. El fin del mundo ahonda en las falsas creencias, mitos sociales, percepciones erradas, colectivos sociales negacionistas, etc. En este sentido, Tynion opta por una narración mucho más realista que la de la serie de televisión de la que hemos hablado. No obstante, comparten multitud de elementos convergentes. Un personaje masculino, con conflictos internos, será el protagonista principal de la trama. Esto permite dar profundidad humana a la historia y estructurar el conflicto entre dos visiones contrapuestas de la realidad social.

    La gran diferencia narrativa la encontraremos en la perspectiva política del cómic de Tynion. Sin ninguna duda, esta obra tiene un fuerte componente político y nos muestra el conflicto entre dos organizaciones que buscan intereses contrapuestos. Ambos intereses, curiosamente, están bastante relacionados con la estructuración de los principales polos ideológicos que nos vamos a encontrar en la calle. Por un lado estarán aquellos pegados a cualquier posibilidad o creencia. Por otro veremos los grupos fieles a la verdad. Ahora bien, ambos polos están bastante exagerados para darle mayor impacto narrativo a la historia. Esta polarización simbólica nos recuerda a dos elementos que encontramos en la actualidad.

    Todo esto tampoco es nuevo, ni siquiera comenzó a finales del siglo XX. Este debate sobre la percepción de la realidad o sobre la realidad misma, también lo encontramos en la literatura española. Esperanza G. Saludes, de hecho, ya nos muestra la manera en que Luis Martín Santos configura su obra Tiempo de Silencio para criticar el pensamiento de Ortega y Gasset. Este filósofo tenía una filosofía que ha sido denominada como perspectivismo, ya que entendía que cada uno tenía una perspectiva diferenciada de la realidad. Una idea que, si nos vamos a los albores del pensamiento, también la encontramos en la antigua Grecia. Más concretamente en Protágoras, quien afirmó que el ser humano es la medida de todas las cosas. Del mismo modo, Descartes en su conocida máxima pienso, luego existo también separó el pensamiento de la realidad.

    Pero volvamos a nuestro cómic. La obra nos plantea un juego de poder y de intereses francamente sugerente. En este sentido, al leerla me venía a la cabeza una idea sobre las llamadas agencias de verificación. Al fin y cabo, según la propia obra, estaríamos, posiblemente, ante otra organización centrada en la obtención de poder basado en el conocimiento. Un nuevo agente que entra en el juego de los imaginarios sociales. En definitiva, todo parece ser un juego de narraciones y, de un modo u otro, la verdad estará dependida (nos dicen) desde el polo en el que estemos situados.

    No podemos irnos sin mencionar el fantástico trabajo Martin Simmonds y Aditya Bidikar. El primero nos plantea una narración visual que nos recuerda, sobremanera, el trabajo de Dave McKean. Pues bien, Simmonds se esfuerza en desarrollar una narración actual, impactante y dinámica. El autor emplea una técnica de ralladuras francamente interesante. Unido a esto, combina las líneas con las manchas para dar cierta sensación de indefinición; algo muy adecuado a la narración visual. En ocasiones, esta técnica reduce precisión en la narración visual, pero incrementa en grado de simbolismo y de interpretación. Unido a las viñetas de Simmonds nos topamos con el excelente trabajo de rotulación de Bidikar. Bidikar logra incrementar el potencial narrativo de la obra con unas viñetas muy bien situadas y con un diseño excelente.

    Por Juan R. Coca

    Referencias bibliográficas:

    Luis Martín Santos (2013). Tiempo de silencio. Seix Barral, Barcelona.

    José Ortega y Gasset (2016) El Espectador I y II. Alianza, Madrid.

    Esperanza G. Saludes (1982). Presencia de Ortega y Gasset en la novela «Tiempo de silencio» de Luis Martin-Santos. Hispanic Journal 3(2): 91-103.

  • La vanguardia de las operaciones especiales

    Portada interior.

    Una obra transmedia que nos cuenta los inicios del Call of Duty

    Todos los que estamos vinculados al comiqueo sabemos que este es uno de los sectores editoriales más transmedia. La vinculación entre el cine, los videojuegos y la cultura popular, entre otros aspectos, conforman el día a día de un sector en alza. Hoy os queremos comentar un cómic cuyo origen está en un videojuego sumamente conocido: Call of Duty.

    Call of Duty Vanguard, que así se llama la obra en cuestión, está guionizada por Sam Maggs y basada en un argumento de Brent Friedman, Tochi Onyebuchi y el propio Sam Maggs. En el capítulo final también ha intervenido Stephen Rhodes. El dibujo corre a cargo de Brad Simpson, aunque, nuevamente, el capítulo final es diferente y está dibujado por Giovanni Timpano. El color ha sido obra de Brad Simpson, con la excepción del último capítulo que ha dependido de Flavio Dispenza.

    Call of Duty Vanguard es una obra de orígenes. En ella se nos muestra cómo se ha ido conformando el conocido grupo. El cómic pivota sobre el agente Butcher quien va reclutando a los miembros del futuro grupo. Este agente, como es bien sabido, tiene un carácter enigmático y un talante llamativo para la narración. En este sentido, el personaje se asemeja a otros directores de equipo tales como Nick Furia o, salvando las distancias, Batman (en relación a la batfamilia). Sus diálogos son directos y provocadores, lo que hace que la narración sea impactante y atrape al lector.

    A lo largo de la obra nos vamos a ir encontrando con los personajes y con sus diferentes personalidades. Todo ello enmarcado en distintos contextos. En este sentido, la obra se va sucediendo como si fuera una secuencia de capítulos donde los unos y los otros no se relacionan. No obstante, como resulta evidente, al final los vamos a encontrar conformados ya como el conocido grupo.

    La narración (tanto la escrita como la visual) está medida y no es excesiva. La potencia de la historia se encuentra en los personajes y no tanto en la acción bélica. En este sentido la obra resulta interesante. Evidentemente tiene un carácter comercial, pero Maggs logra dotar a los personajes de interés y cierto grado de profundidad. El capítulo final, en cambio, no resulta tan interesante y se pierde, permítaseme decirlo así, en la búsqueda de una acción impactante y llamativa.

    El apartado gráfico me ha resultado sumamente interesante. La primera parte, cuyo dibujo dependió de Simpson, me ha entusiasmado. Su dibujo esbozado y el carácter de viñetas por finalizar, le otorga dinamismo a la narración visual. Además, las expresiones están bien conseguidas y logran complementar a la narración escrita. Este complemento destaca en las escenas de acción en las que no encontramos diálogos y toda la narración está asentada en este creador. El capítulo dependiente de Timpano resulta más estático. El uso del ordenador le da un carácter más distante y frío a la narración visual. No obstante, el uso de las sombras logra la potencia narrativa pretendida.

    En definitiva, estamos ante un trabajo interesante, con un marcado interés comercial, pero con la suficiente profundidad como para sobresalir. Un cómic sobre el mundo de la guerra que nos muestra los orígenes de un grupo conocido, donde se caracterizan los personajes de una manera sugerente y diferenciada.

    Por Juan R. Coca

  • Un televisor parlante, un yayo, un joven y una oveja.

    El cómic nació, hace un buen montón de años, para divertir. Además, su estructura inicial no era la de lo que ahora llamamos novela gráfica, aunque el cómic seriado también lo encontramos en los comienzos de la historia de este arte. El cómic era, en sus inicios, una historia relativamente breve con un claro carácter juguetón o divertido, y con cierto talante social. Pues bien, esto es, precisamente, de lo que vamos a hablar hoy.

    Joan Bufill, Fum, es un creador con una creatividad y originalidad desbordante. En su obra Asunción el televisor (publicado por la editorial Pepitas) nos introduce en un pequeño mundo de cuatro personajes: un joven, su abuelo, una oveja y una televisión llamada Asunción. Cada uno de los personajes tiene un elemento que lo caracteriza. La oveja es, bueno…, una oveja. El televisor tiene la particularidad de que habla. Y el yayo es quién más alegrías nos va a dar. Falta uno, es cierto, pero es el personaje que actúa, en cierto modo, como narrador y tiene cierta pasividad. Un elenco curioso que no dejará de conducirnos por veredas sorprendentes.

    El cómic está planteado con una estructura sencilla y unas viñetas también sencillas. ¿Por qué? Pues, fácil, eso no importa. No importa ni la caracterización de los personajes, ni el contexto. De hecho, el planteamiento de la obra tiene pretensiones de universalización. Digo esto ya que la obra podría servir en cual contexto europeo y, posiblemente, en otras regiones del mundo (aunque no tengan ovejas).

    Fum nos muestra un trabajo desternillante, divertido, sorprendente, en el que se dan cita buena parte de los tópicos socioculturales de la actualidad. Además, hablando de la estructura interna de la narración, sorprende que comienza con un personaje que, paulatinamente, va perdiendo importancia y dejando paso a otro. Tanto es así que, en muchas ocasiones, el cómic nos parecerá que está más centrado en el yayo que en Asunción.

    El juego de la narración confusa y surreal es una constante en todas las páginas. Sueños, televisores que se emborrachan, parásitos demoníacos, etc. serán elementos llamativos que nos iremos encontrando. Todo ello en un juego de realidades alternativas en las que la realidad cotidiana toma cuerpo de un modo especial. Posiblemente, la realidad no dista mucho de este mundo divertido y extraño, siempre y cuando estemos dispuestos a que, efectivamente, nuestro mundo sea así. En este sentido, la sensación que deja la obra es que podríamos disfrutar más de los pequeños momentos con un toque de imaginación.

    La contrapartida a este mundo imaginario, creativo y divertido es que, paulatinamente, pierde esa vivacidad. No tengo claro si este aspecto es debido a la obra o al lector, pero esto sucede. De hecho, he contrastado la obra con otros lectores y la sensación es similar. No obstante, Asunción el televisor es una obra excelente con una enorme calidad. Sin ningún lugar a dudas una obra esencial para aquellos interesados en el noveno arte en su sentido más completo. No la dejéis pasar.

    Por Juan R. Coca

  • ¿Qué podemos entender por Cómic Independiente?

    En nuestro mundillo hay multitud de conceptos que no están del todo claros. Uno de ellos es el de cómic independiente. En el ámbito estadounidense es un poco más sencillo, ya que el mercado, en principio, parece estar claramente marcado. Por un lado tenemos a DC (Warner bros) y por el otro tenemos a Marvel (Walt Disney). Ahora bien, las compras y fusiones empresariales han hecho que Walt Disney también adquiriese los comics de Star Wars (junto a sus películas, merchandising, etc.).

    Bien, hasta aquí parece que todo está relativamente claro. Pero, claro, llegamos a Europa y comienza el lío fruto de las ventas de derechos. Pongamos el ejemplo de la editorial ECC. Esta editorial es, sin ninguna duda, independiente. Al fin y al cabo, ECC no depende de Warner Bros. Sin embargo, comercializa, en gran medida, los productos de la editorial estadounidense. ¿Podemos considerarla independiente? La respuesta parece ser negativa, pero demos una vuelta más.

    ECC, sin ninguna duda, está haciendo un enorme esfuerzo para publicar obras de autor. De hecho, tiene una sección dentro de la cual está publicando trabajos que han sido hitos del noveno arte nacional e internacional. Nos estamos refiriendo a obras firmadas por el maestro Alberto Breccia, por los grandes Fernando De Felipe, Dave McKean, Fred, Leo y, recientemente, ha anunciado a José Ortiz. Por otro lado, también está publicando obras del sello Skybound, así como obras que nacieron en el mundo del cómic independiente y terminaron en la industria canónica.

    Del mismo modo, Panini Cómics publica el sello Evolution Comics donde se publican trabajos que podríamos determinar como independientes. De hecho, allí encontraremos obras europeas de gran interés tales como Torpedo, la serie Sinalma, trabajos de la editorial Bonelli, etc. Por otro lado, esta editorial también tiene una línea de publicación de obras provenientes del cómic independientes donde encontraremos trabajos de Joe Hill, de Ed Brubaker, de Alan Moore, de Grant Morrison o de Donny Cates, entre muchos otros.

    Un tercer ejemplo interesante de esta confusión lo encontramos en la editorial Planeta. Sabemos que ella está haciendo un gran esfuerzo por poner obras de gran interés en el mercado. Así mismo, también está publicando los cómics de Star Wars que, como ya vimos, pertenecerían a la industria.

    Por lo tanto, la mejor manera de entender el cómic independiente es aquel publicado en origen por editoriales de menor tamaño. Centrarse en otros aspectos dificulta mucho la delimitación conceptual y nos impide hablar con claridad entre nosotros. Por supuesto, siempre nos podremos encontrar matices, problemas, etc. La cuestión estaría entonces en intentar evitar dogmatismos o posiciones extremistas que no ayudan demasiado.

    Por Xiana Martín.

  • El ilusionismo del cine mudo tiene apellido español: Chomón.

    Chomón. El mago de la luz parece ser una especie de reivindicación. Un intento por mostrar como en nuestros lares se pueden llegar a realizar un trabajo puntero e innovador. Todo ello desde un marcado acento en la humildad. Quiero decir con esto, que la obra no es un trabajo exhaustivo de constatación de la realidad histórica. La obra guionizada por Queco Ágreda pretende mostrar el carácter de un creador turolense de efectos especiales.

    La utilización de un personaje, en principio, de segunda fila, resulta especialmente interesante por el desconocimiento general sobre él. Esto puede ser un riesgo comercial, ya que el público podría no sentirse suficientemente atraído por este mago de la luz. Sin embargo, GP Ediciones ha apostado sabiamente por una obra de estas características. Un trabajo que nos muestra la capacidad técnica de Chomón y su éxito (silencioso) en el mundo del cine.

    Estamos, entonces, ante una obra que se sitúa en el margen. En el silencio de las personas que son imprescindibles, pero que apenas son reconocidas. Silencio que, además, también estaba presente en el mundo de Chomón. Pues bien, entre este silencio Ágreda y Morote pretenden hacer ruido y recuperar la capacidad artística y técnica de uno de los grandes creadores de finales del XIX y principios del XX.

    La estructura formal de la obra es sencilla y minimalista. Esto le podría aportar un aura intimista a la obra ganando en intensidad narrativa. De hecho, esta estrategia tiene la virtud de centrar al lector en los personajes, en sus emociones y en sus acciones. El inconveniente que puede tener es que, en ocasiones, resulta un tanto fría y distante. Es decir, Roberto Morote logra desarrollar una narración creíble y realista, aunque un tanto distante, lo que le genera cierta pérdida de intensidad a la obra. Tanto es así que cuando se nos muestran el coqueteo y el romance, la narración no termina de funcionar resultando demasiado descriptiva. Ahora bien, Morote emplea otro elemento especial: el bosquejo. La estructura narrativa es abierta e indeterminada, esto le aporta vivacidad y frescura, logrando sortear la frialdad con la que nos toparemos en ocasiones. El resultado final es dulce, sencillo y contrastado.

    En definitiva, estamos antes una obra pensada para un público adulto y repleta de contrastes. Un trabajo que nos muestra que todavía tenemos entre nuestra historia un buen número de personajes por descubrir. No la dejéis escapar.

    Por Juan R. Coca